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Participación de los niños en casa

Los niños tienen derecho a expresar lo que sienten y piensan; a tener una vida segura y saludable; a ser protegidos, defendidos contra el abuso; a jugar, a divertirse y a aprender sobre cosas que les beneficien; a ser tratados con respeto. Por eso, lo primero –y lo más importante- es que las familias garanticen que los niños crezcan en un ambiente sano donde se sientan seguros, respetados, amados, cuidados y atendidos.

Los niños aprenden de las experiencias que viven. Por eso no sobra recordar que un ambiente de trato cordial, afectuoso y solidario entre los integrantes e la familia es la base para su desarrollo sano y equilibrado entre los aspectos físico, intelectual y emocional. este tipo de convivencia les muestra, entre otras cosas, que los conflictos que surgen en la convivencia diaria se resuelven a partir de conversar y surgen en la convivencia diaria se resuelven a partir de conversar y de llegar a acuerdos, y no mediante el maltrato físico o psicológico.

Evite el maltrato físico y psicológico

El maltrato físico o psicológico (que se presenta cuando se trata a alguien mediante palabras y gestos agresivos, de desprecio, burla o humillación) son actos de violencia que generan graves consecuencias en la vida de los niños. Por su tamaño, fuerza y experiencia, los niños son seres vulnerables que no pueden defenderse o encontrar opciones para eludir las agresiones. Sufren en el momento en que son lastimados, pero las consecuencias no terminan ahí: las personas que son víctimas de maltrato se vuelven temerosas, desconfiadas y –a veces- también agresivas. En los niños, el miedo y la desconfianza hacia los demás hacen que se inhiban impulsos naturales fundamentales como la curiosidad, el habla o el juego: dejan de preguntar y de explorar, prefieren guardar silencio cuando los adultos les hablan, difícilmente conversan o juegan con otros niños; en consecuencia, se limitan sus posibilidades de aprendizaje y desarrollo personal. El maltrato deja una huella difícil de borrar en los niños y sus secuelas permanecen toda la vida.

Establezca relaciones igualitarias y justas

En la familia, los niños aprenden y asumen formas de ser, de sentir y de actuar que son consideradas como femeninas o masculinas por la sociedad. En el trato que se da entre los miembros de la familia, los niños –desde muy pequeños- empiezan a apropiarse de ciertas ideas y formas de trato hacia los demás.
Si en una familia las tareas de la casa se asumen como responsabilidad de las mujeres y los adultos varones no participan de ellas, es muy probable que los niños aprendan ese comportamiento. Creerán que hacer la comida o limpiar la casa es “cosa de mujeres” y se negarán a participar en esas actividades. En este sentido, es muy importante comunicar a los niños, con hechos y palabras, que los hombres y mujeres son seres humanos con diferencias pero que comparten las mismas obligaciones y derechos. Una manera de lograrlo es que las tareas y obligaciones en casa –necesarias para el bienestar de toda la familia- se repartan equitativamente entre los integrantes.

Involucre a los niños en las actividades y conversaciones familiares

En muchas familias los adultos involucran de manera natural a los pequeños en las actividades que se realizan en la casa: les prestan atención, escuchan y responden sus preguntas, platican con ellos, los invitan a opinar a participar en la toma de ciertas decisiones. En otros casos –a veces sin darse cuenta- los mantienen al margen de las actividades y conversaciones porque tienen la idea de que por el hecho de ser pequeños no entienden lo que conversan y que, por lo tanto, no deben presenciar o participar en las pláticas de los mayores, y deben limitarse a convivir (jugar o platicar) con otros niños de su edad.

Cuando se les involucra en conversaciones y actividades diarias realizadas en familia, los niños comprenden que su presencia es importante para los demás (su mamá, su papá, sus hermanos u otros familiares), y ello les da seguridad y confianza en sí mismos. Además, esa participación propicia que aprendan muchas cosas: escuchan palabras nuevas, se enteran de cosas vinculadas con la convivencia social, conocen las causas de alegría o preocupación de sus familiares. Todo lo que observan, tocan y escuchan se vuelve un detonador de preguntas y reflexiones, lo que favorece que tengan un mayor dominio de su lenguaje oral y conocimiento del mundo que los rodea.

El lenguaje oral es una de las principales herramientas para comunicarnos con los pequeños. Hablando con ellos conocemos qué piensan y sienten, qué les gusta y disgusta, qué les preocupa, qué les interesa. Los motivos para entablar conversaciones son muchos y es conveniente aprovecharlos para conocer qué piensan y sienten, sus cambios, sus logros y sus temores. Así, podrán tomar medidas oportunas para apoyarlos en su aprendizaje y desarrollo, así como para protegerlos de los riesgos.

A veces, por necesidades de trabajo o por otros motivos, la mamá o el papá no disponen de mucho tiempo para estar y convivir con sus hijos. En estos casos es necesario aprovechar de la mejor manera el escaso tiempo para comunicar al niño, mediante hechos y palabras, su afecto e interés por lo que hace, por lo que piensa, por lo que siente. Escuchar sus relatos y preguntas, conversar en forma tranquila y cariñosa con él, resolver sus necesidades o dudas inmediatas, realizar alguna actividad juntos, son acciones que ayudan a que los pequeños superen la angustia que les provoca la ausencia prolongada de sus padres; así saben que siempre habrá un momento en el que pueden contar con ellos. Es conveniente también que los niños tengan conocimiento de las actividades que realizan los integrantes de la familia para que comprendan, poco a poco, los motivos que les impiden convivir más tiempo.

Enseñe al niño a identificar zonas y actividades que puedan representar un riesgo para su salud

Un alto porcentaje de los accidentes que sufren los niños –algunos de graves consecuencias- suceden en la casa. Muchos de ellos ocurren porque no se toman las medidas preventivas para hacer de la casa un lugar seguro, y otros porque los niños no disponen de la atención suficiente por parte de los adultos o de consejos o indicaciones para evitar acciones peligrosas.
Impulsados por su natural curiosidad y por su necesidad de movimiento, los niños observan y manipulan los objetos que llaman su atención, lo cual es positivo porque les permite aprender sobre la utilidad de ciertos utensilios e instrumentos; cuando ello no represente riesgos o pérdidas materiales es conveniente dejarlos que manipulen objetos libremente, y siempre dialogar con ellos cuando requieran la participación del adulto.

Pero en muchos casos, esa curiosidad puede representar riesgos porque exploran sin prever las consecuencias; por ejemplo: manipular utensilios punzo-cortantes o la estufa y el fuego, tocar los contactos de energía eléctrica o ingerir productos tóxicos. En estos casos, además de la indicación de no tocar o manipular objetos peligrosos (“no enciendas este aparato”, “evita hacer tal cosa”), es conveniente explicarles por qué algo representa un riesgo y sus posibles consecuencias. Así, el pequeño entenderá las razones por las cuales debe ser precavido y aprenderá a cuidarse. La satisfacción de su curiosidad puede lograrse si la exploración de objetos, artefactos o lugares se realiza bajo la guía de un adulto.

Propicie oportunidades para la actividad física y el juego

El movimiento y el juego son necesidades naturales de los niños. Cuando se realizan actividades físicas, los niños movilizan distintas partes de su cuerpo y desarrollan su coordinación motriz, con sumen la energía que el propio cuerpo genera y fortalecen sus huesos y sus músculos. En cambio, cuando se mantienen pasivos, no alcanzan la destreza motriz y la energía que genera el cuerpo se acumula, lo que, combinado con la ingesta de alimentos altos en azúcares y grasas, suele producir obesidad.
En otros tipos de juego los niños imaginan hechos y relaciones entre personajes, simulan acciones que observan de los adultos, “dan vida” a objetos diversos, inventan diálogos y acuerdan reglas del juego con sus compañeros. Con todos los tipos de juego, los niños se divierten y entretienen, lo cual es muy importante. Pero además, al jugar mejoran sus expresiones y aprenden nuevas palabras, aprenden lo que se vale y lo que no se vale (es decir, las reglas de los juegos, en ocasiones, establecidas por ellos mismos), y que pueden ganar o perder; deciden cómo actuar o qué decir en cada momento y usan estrategias apropiadas al juego.
Es recomendable buscar opciones para que tengan oportunidad de moverse, correr, trepar, etcétera, así como de convivir con otros niños; y es muy importante que los padres, los hermanos u otros miembros familiares jueguen con ellos; así se pueden tener gratos momentos de convivencia familiar. Tome en cuenta que muchas veces las reglas no se aplican sólo para los juegos, sino que también se emplean para relacionarse con otras personas y en otras situaciones que enfrentan a diario.
La satisfacción de la necesidad física y de juego de los niños a veces se limita porque los adultos consideran que jugar es perder el tiempo y prefieren que hagan otras actividades, que a su juicio son más provechosas, como hacer ejercicios de repetición de letras o números. También sucede porque –sobre todo en las ciudades- los espacios de la casa resultan insuficientes para que se desplacen, brinquen, corran o jueguen con otros niños; por que los espacios de la calle representan riesgos para su seguridad o porque los adultos tienen poco tiempo libre para acompañar a los niños en este tipo de actividades.

Evite que el niño pase mucho tiempo frene al televisor y a los videojuegos o a la computadora; dé prioridad a la convivencia familiar y al juego

Los medios de comunicación, particularmente la televisión, los videojuegos y la computadora, ocupan gran parte del tiempo libre de las familias. A través de esos medios se difunde una amplia variedad de programas: informativos, de difusión cultural y artística, de divulgación científica, programas humorísticos, de entretenimiento simple o aquéllos donde predominan actos violentos y criminales o escenas no aptas para el público infantil. Todo ello acompañado casi siempre de muchos anuncios comerciales que estimulan el consumo de productos no siempre necesarios, útiles o benéficos para la salud.

Los medios de comunicación son parte importante del mundo social, y es conveniente que los niños desde pequeños aprendan a distinguir y a reflexionar sobre los distintos tipos de mensajes que emiten. De acuerdo con los programas que observan, los niños aprenden diversas cosas: se enteran de la variedad de formas de habla de nuestra propia lengua y de la existencia de otros idiomas; conocen costumbres o modos de vida de personas de distintos pueblos y lugares, diversos escenarios naturales, creaciones artísticas. Pero también pueden observar continuamente hechos violentos y criminales, acciones de personajes tramposos y sin escrúpulos, guiados solamente por la búsqueda del dinero, el poder o la satisfacción material como metas de vida, sin importar que dañen a otras personas. Si los pequeños son expuestos continuamente a programas o videojuegos con contenidos de este último tipo, pueden asumir –de manera casi imperceptible para los adultos- que la violencia es una forma normal de las relaciones sociales o que se vale hacer trampa o hacer el mal para conseguir el beneficio propio.

Para evitar lo anterior, es importante seleccionar los programas o videojuegos a los que son expuestos los niños, comentar con ellos lo que ven y hablar de las reacciones que les provocan; ayudarles a distinguir entre ficción y realidad, subrayar aquello que se considera positivo y condenar los hechos que atentan contra la dignidad de los seres humanos. No olvide que al pasar demasiado tiempo frente al televisor los niños y su familia pierden oportunidades vitales que son imprescindibles para su sano y equilibrado desarrollo.

Estimule la responsabilidad y la disciplina: reconozca los logros del niño y ayúdele a avanzar

En su afán por conocer el mundo que los rodea, los niños se proponen metas y, para ello, prueban y experimentan; no siempre las logran en el primer intento, pero perseveran y generalmente las alcanzan. Aprenden a caminar, a hablar, a controlar esfínteres o a vestirse. El apoyo y el reconocimiento –o celebración de sus triunfos- por parte de los padres, siempre los alienta a avanzar, como sucedió cuando estaban aprendiendo a hablar o a caminar.

Como parte de la educación de sus hijos, ustedes los adultos, les encargan pequeñas tareas que tienen que ver generalmente con el cuidado de su persona, de sus cosas, de los bienes comunes de la casa o con el cumplimiento de ciertas reglas de convivencia; por ejemplo, depositar la basura en su lugar, levantar los platos después de comer, usar la palabra y no el llanto o los gritos para comunicar algo. Eso es importante para que los niños aprendan a asumir responsabilidades y a convivir cordialmente, aunque es natural que no siempre logren realizar bien las tareas encargadas, porque ¡están aprendiendo! Su hijo necesita saber que sus esfuerzos son tomados en cuenta; en sus intentos, aliéntelo, no lo desanime; destaque lo que hace bien y estimúlelo para que siga intentando. Es mejor reconocer lo que logra hacer en ese momento que fijarse sólo en lo que le falta.

También es necesario que aprendan a respetar las reglas de convivencia familiar y social. Para lograrlo es muy importante que éstas siempre se apliquen de manera equitativa en todos los integrantes de la familia. Es muy difícil lograr que el niño asuma ciertas reglas si observa que los demás, especialmente los adultos, no las cumplen. Hay que recordar que el ejemplo es uno de los mejores medios para formar actitudes y valores en los niños.

Los niños tienen derecho a expresar lo que sienten y piensan; a tener una vida segura y saludable; a ser protegidos, defendidos contra el abuso; a jugar, a divertirse y a aprender sobre cosas que les beneficien; a ser tratados con respeto. Por eso, lo primero –y lo más importante- es que las familias garanticen que los niños crezcan en un ambiente sano donde se sientan seguros, respetados, amados, cuidados y atendidos.

Los niños aprenden de las experiencias que viven. Por eso no sobra recordar que un ambiente de trato cordial, afectuoso y solidario entre los integrantes e la familia es la base para su desarrollo sano y equilibrado entre los aspectos físico, intelectual y emocional. este tipo de convivencia les muestra, entre otras cosas, que los conflictos que surgen en la convivencia diaria se resuelven a partir de conversar y surgen en la convivencia diaria se resuelven a partir de conversar y de llegar a acuerdos, y no mediante el maltrato físico o psicológico.

Evite el maltrato físico y psicológico

El maltrato físico o psicológico (que se presenta cuando se trata a alguien mediante palabras y gestos agresivos, de desprecio, burla o humillación) son actos de violencia que generan graves consecuencias en la vida de los niños. Por su tamaño, fuerza y experiencia, los niños son seres vulnerables que no pueden defenderse o encontrar opciones para eludir las agresiones. Sufren en el momento en que son lastimados, pero las consecuencias no terminan ahí: las personas que son víctimas de maltrato se vuelven temerosas, desconfiadas y –a veces- también agresivas. En los niños, el miedo y la desconfianza hacia los demás hacen que se inhiban impulsos naturales fundamentales como la curiosidad, el habla o el juego: dejan de preguntar y de explorar, prefieren guardar silencio cuando los adultos les hablan, difícilmente conversan o juegan con otros niños; en consecuencia, se limitan sus posibilidades de aprendizaje y desarrollo personal. El maltrato deja una huella difícil de borrar en los niños y sus secuelas permanecen toda la vida.

Establezca relaciones igualitarias y justas

En la familia, los niños aprenden y asumen formas de ser, de sentir y de actuar que son consideradas como femeninas o masculinas por la sociedad. En el trato que se da entre los miembros de la familia, los niños –desde muy pequeños- empiezan a apropiarse de ciertas ideas y formas de trato hacia los demás.

Si en una familia las tareas de la casa se asumen como responsabilidad de las mujeres y los adultos varones no participan de ellas, es muy probable que los niños aprendan ese comportamiento. Creerán que hacer la comida o limpiar la casa es “cosa de mujeres” y se negarán a participar en esas actividades. En este sentido, es muy importante comunicar a los niños, con hechos y palabras, que los hombres y mujeres son seres humanos con diferencias pero que comparten las mismas obligaciones y derechos. Una manera de lograrlo es que las tareas y obligaciones en casa –necesarias para el bienestar de toda la familia- se repartan equitativamente entre los integrantes.

Involucre a los niños en las actividades y conversaciones familiares

En muchas familias los adultos involucran de manera natural a los pequeños en las actividades que se realizan en la casa: les prestan atención, escuchan y responden sus preguntas, platican con ellos, los invitan a opinar a participar en la toma de ciertas decisiones. En otros casos –a veces sin darse cuenta- los mantienen al margen de las actividades y conversaciones porque tienen la idea de que por el hecho de ser pequeños no entienden lo que conversan y que, por lo tanto, no deben presenciar o participar en las pláticas de los mayores, y deben limitarse a convivir (jugar o platicar) con otros niños de su edad.

Cuando se les involucra en conversaciones y actividades diarias realizadas en familia, los niños comprenden que su presencia es importante para los demás (su mamá, su papá, sus hermanos u otros familiares), y ello les da seguridad y confianza en sí mismos. Además, esa participación propicia que aprendan muchas cosas: escuchan palabras nuevas, se enteran de cosas vinculadas con la convivencia social, conocen las causas de alegría o preocupación de sus familiares. Todo lo que observan, tocan y escuchan se vuelve un detonador de preguntas y reflexiones, lo que favorece que tengan un mayor dominio de su lenguaje oral y conocimiento del mundo que los rodea.

El lenguaje oral es una de las principales herramientas para comunicarnos con los pequeños. Hablando con ellos conocemos qué piensan y sienten, qué les gusta y disgusta, qué les preocupa, qué les interesa. Los motivos para entablar conversaciones son muchos y es conveniente aprovecharlos para conocer qué piensan y sienten, sus cambios, sus logros y sus temores. Así, podrán tomar medidas oportunas para apoyarlos en su aprendizaje y desarrollo, así como para protegerlos de los riesgos.

A veces, por necesidades de trabajo o por otros motivos, la mamá o el papá no disponen de mucho tiempo para estar y convivir con sus hijos. En estos casos es necesario aprovechar de la mejor manera el escaso tiempo para comunicar al niño, mediante hechos y palabras, su afecto e interés por lo que hace, por lo que piensa, por lo que siente. Escuchar sus relatos y preguntas, conversar en forma tranquila y cariñosa con él, resolver sus necesidades o dudas inmediatas, realizar alguna actividad juntos, son acciones que ayudan a que los pequeños superen la angustia que les provoca la ausencia prolongada de sus padres; así saben que siempre habrá un momento en el que pueden contar con ellos. Es conveniente también que los niños tengan conocimiento de las actividades que realizan los integrantes de la familia para que comprendan, poco a poco, los motivos que les impiden convivir más tiempo.

Enseñe al niño a identificar zonas y actividades que puedan representar un riesgo para su salud

Un alto porcentaje de los accidentes que sufren los niños –algunos de graves consecuencias- suceden en la casa. Muchos de ellos ocurren porque no se toman las medidas preventivas para hacer de la casa un lugar seguro, y otros porque los niños no disponen de la atención suficiente por parte de los adultos o de consejos o indicaciones para evitar acciones peligrosas.

Impulsados por su natural curiosidad y por su necesidad de movimiento, los niños observan y manipulan los objetos que llaman su atención, lo cual es positivo porque les permite aprender sobre la utilidad de ciertos utensilios e instrumentos; cuando ello no represente riesgos o pérdidas materiales es conveniente dejarlos que manipulen objetos libremente, y siempre dialogar con ellos cuando requieran la participación del adulto.

Pero en muchos casos, esa curiosidad puede representar riesgos porque exploran sin prever las consecuencias; por ejemplo: manipular utensilios punzo-cortantes o la estufa y el fuego, tocar los contactos de energía eléctrica o ingerir productos tóxicos. En estos casos, además de la indicación de no tocar o manipular objetos peligrosos (“no enciendas este aparato”, “evita hacer tal cosa”), es conveniente explicarles por qué algo representa un riesgo y sus posibles consecuencias. Así, el pequeño entenderá las razones por las cuales debe ser precavido y aprenderá a cuidarse. La satisfacción de su curiosidad puede lograrse si la exploración de objetos, artefactos o lugares se realiza bajo la guía de un adulto.

Propicie oportunidades para la actividad física y el juego

El movimiento y el juego son necesidades naturales de los niños. Cuando se realizan actividades físicas, los niños movilizan distintas partes de su cuerpo y desarrollan su coordinación motriz, con sumen la energía que el propio cuerpo genera y fortalecen sus huesos y sus músculos. En cambio, cuando se mantienen pasivos, no alcanzan la destreza motriz y la energía que genera el cuerpo se acumula, lo que, combinado con la ingesta de alimentos altos en azúcares y grasas, suele producir obesidad.

En otros tipos de juego los niños imaginan hechos y relaciones entre personajes, simulan acciones que observan de los adultos, “dan vida” a objetos diversos, inventan diálogos y acuerdan reglas del juego con sus compañeros. Con todos los tipos de juego, los niños se divierten y entretienen, lo cual es muy importante. Pero además, al jugar mejoran sus expresiones y aprenden nuevas palabras, aprenden lo que se vale y lo que no se vale (es decir, las reglas de los juegos, en ocasiones, establecidas por ellos mismos), y que pueden ganar o perder; deciden cómo actuar o qué decir en cada momento y usan estrategias apropiadas al juego.

Es recomendable buscar opciones para que tengan oportunidad de moverse, correr, trepar, etcétera, así como de convivir con otros niños; y es muy importante que los padres, los hermanos u otros miembros familiares jueguen con ellos; así se pueden tener gratos momentos de convivencia familiar. Tome en cuenta que muchas veces las reglas no se aplican sólo para los juegos, sino que también se emplean para relacionarse con otras personas y en otras situaciones que enfrentan a diario.

La satisfacción de la necesidad física y de juego de los niños a veces se limita porque los adultos consideran que jugar es perder el tiempo y prefieren que hagan otras actividades, que a su juicio son más provechosas, como hacer ejercicios de repetición de letras o números. También sucede porque –sobre todo en las ciudades- los espacios de la casa resultan insuficientes para que se desplacen, brinquen, corran o jueguen con otros niños; por que los espacios de la calle representan riesgos para su seguridad o porque los adultos tienen poco tiempo libre para acompañar a los niños en este tipo de actividades.

Evite que el niño pase mucho tiempo frene al televisor y a los videojuegos o a la computadora; dé prioridad a la convivencia familiar y al juego

Los medios de comunicación, particularmente la televisión, los videojuegos y la computadora, ocupan gran parte del tiempo libre de las familias. A través de esos medios se difunde una amplia variedad de programas: informativos, de difusión cultural y artística, de divulgación científica, programas humorísticos, de entretenimiento simple o aquéllos donde predominan actos violentos y criminales o escenas no aptas para el público infantil. Todo ello acompañado casi siempre de muchos anuncios comerciales que estimulan el consumo de productos no siempre necesarios, útiles o benéficos para la salud.

Los medios de comunicación son parte importante del mundo social, y es conveniente que los niños desde pequeños aprendan a distinguir y a reflexionar sobre los distintos tipos de mensajes que emiten. De acuerdo con los programas que observan, los niños aprenden diversas cosas: se enteran de la variedad de formas de habla de nuestra propia lengua y de la existencia de otros idiomas; conocen costumbres o modos de vida de personas de distintos pueblos y lugares, diversos escenarios naturales, creaciones artísticas. Pero también pueden observar continuamente hechos violentos y criminales, acciones de personajes tramposos y sin escrúpulos, guiados solamente por la búsqueda del dinero, el poder o la satisfacción material como metas de vida, sin importar que dañen a otras personas. Si los pequeños son expuestos continuamente a programas o videojuegos con contenidos de este último tipo, pueden asumir –de manera casi imperceptible para los adultos- que la violencia es una forma normal de las relaciones sociales o que se vale hacer trampa o hacer el mal para conseguir el beneficio propio.

Para evitar lo anterior, es importante seleccionar los programas o videojuegos a los que son expuestos los niños, comentar con ellos lo que ven y hablar de las reacciones que les provocan; ayudarles a distinguir entre ficción y realidad, subrayar aquello que se considera positivo y condenar los hechos que atentan contra la dignidad de los seres humanos. No olvide que al pasar demasiado tiempo frente al televisor los niños y su familia pierden oportunidades vitales que son imprescindibles para su sano y equilibrado desarrollo.

Estimule la responsabilidad y la disciplina: reconozca los logros del niño y ayúdele a avanzar

En su afán por conocer el mundo que los rodea, los niños se proponen metas y, para ello, prueban y experimentan; no siempre las logran en el primer intento, pero perseveran y generalmente las alcanzan. Aprenden a caminar, a hablar, a controlar esfínteres o a vestirse. El apoyo y el reconocimiento –o celebración de sus triunfos- por parte de los padres, siempre los alienta a avanzar, como sucedió cuando estaban aprendiendo a hablar o a caminar.
Como parte de la educación de sus hijos, ustedes los adultos, les encargan pequeñas tareas que tienen que ver generalmente con el cuidado de su persona, de sus cosas, de los bienes comunes de la casa o con el cumplimiento de ciertas reglas de convivencia; por ejemplo, depositar la basura en su lugar, levantar los platos después de comer, usar la palabra y no el llanto o los gritos para comunicar algo. Eso es importante para que los niños aprendan a asumir responsabilidades y a convivir cordialmente, aunque es natural que no siempre logren realizar bien las tareas encargadas, porque ¡están aprendiendo! Su hijo necesita saber que sus esfuerzos son tomados en cuenta; en sus intentos, aliéntelo, no lo desanime; destaque lo que hace bien y estimúlelo para que siga intentando. Es mejor reconocer lo que logra hacer en ese momento que fijarse sólo en lo que le falta.
También es necesario que aprendan a respetar las reglas de convivencia familiar y social. Para lograrlo es muy importante que éstas siempre se apliquen de manera equitativa en todos los integrantes de la familia. Es muy difícil lograr que el niño asuma ciertas reglas si observa que los demás, especialmente los adultos, no las cumplen. Hay que recordar que el ejemplo es uno de los mejores medios para formar actitudes y valores en los niños.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA: http://orienta.org.mx/libro-para-las-familias-educacion-preescolar-sep/

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