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Fomento de valores en casa

Cada niño o niña es un ser humano único, original e irrepetible, el más perfecto y bello producto de la Naturaleza. También, y debido a las influencias del ambiente, llega a ser el producto de la cultura en la que se desenvuelve.

Educar en el siglo XXI es un gran reto; ahora no sólo basta con educar niños felices, sino que se deben educar niños brillantes. Y es que, educar supone dar respuesta a los retos del mundo de hoy, como por ejemplo: la convivencia con la comunidad global, aprender a aprender, desarrollo sustentable y formación en valores, solo por mencionar algunos.

La educación en valores permite a los niños tomar las decisiones más acertadas durante toda su vida. Igualmente, los hace más empáticos con los demás, sintiéndose personas más seguras, plenas y felices.

Considerando lo anterior los niños pequeños aprenden con el ejemplo, por lo tanto enseñar a los niños y niñas los valores, implica un compromiso personal. Es necesario dar el ejemplo con actos y palabras para que los niños los asimilen, los imiten y los vivan. Por tanto la enseñanza de los valores se inicia en el hogar, promovida por el ser y el hacer de los padres y otros adultos significativos para el niño; más tarde, en la escuela estos valores deberán ser ampliados y fortalecidos.

La responsabilidad principal de la comunicación de valores en una familia corresponde a los padres. Esta circunstancia está reconocida en tratados internacionales de gran importancia; de hecho, está sugerida en la “Declaración de Derechos Humanos”. Así, cabe a los padres el hecho de enseñar a sus hijos valores que consideren adecuados de forma prioritaria. La escuela u otras instituciones educativas podrán servir de auxiliares en esta tarea.

Las sociedades bien construidas han sido fundamentadas a través de la familia, porque sólo a través de ellas se logra el bien común. La familia representa la unión más natural y necesaria para la comunidad, y es la primera escuela de virtudes y valores humanos necesarios para la sociedad. Es a través de la familia que nos introducimos a la sociedad civil y es importante que como padres estemos conscientes de la importancia de formar seres humanos y ciudadanos que puedan dar lo mejor de si mismos en el país en el que viven. La educación es un proceso artesanal, en el que los valores y principios van moldeando la conducta de las personas, por lo que sólo puede hacerse en el seno de la familia.

Así pues, la familia desempeña un papel primordial en la educación del niño; adoptando valores y principios, por lo tanto, se debe fomentar la unión y el respeto entre sus integrantes y priorizar la comunicación entre padres e hijos para mantener un entorno de armonía, ya que son los padres quienes transmiten los valores, de los cuales dependerá la forma en que se comporten los hijos y cómo se relacionen en los diversos ámbitos.

Si no están bien cimentados los valores que la familia transmite a los niños y niñas, se corre el riesgo de caer en conductas antisociales y/o violentas, las cuales, seguramente, afectarán sus relaciones con los demás. Por este motivo, es necesario que los padres estén muy atentos al comportamiento de sus hijos y tener una comunicación asertiva para hablar con ellos acerca de cualquier tema, lo cual permitirá tener mayor confianza cuando se enfrenten a alguna situación difícil que pueda considerarse problemática o necesiten algún consejo.

Los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo de actitudes de relación interpersonal en los niños y niñas, promoviendo una serie de habilidades que hagan emerger las capacidades de seguridad, autoestima y autonomía, y permitiendo que se formen plenamente.
De esta forma, la familia debe convertirse en la primera escuela de las virtudes sociales, siendo los padres quienes deben mirar a sus hijos como personas autónomas y responsables, respetándolos, potenciando actitudes y valores que modelen las ideas, sentimientos y actuaciones de los niños y niñas.

Si una familia fomenta el amor en sus miembros, no sólo conseguirán estabilidad emocional en todos sino que fortalecerán los lazos de fraternidad ante la sociedad. No sólo se trata de enseñar amor sino de aprender a amar, cuidarlo y comunicarlo. El amor, de la mano con el respeto, permite a las personas relacionarse sanamente con otras. En el caso de los niños, el amor en el núcleo familiar los estimula en el aprendizaje, desarrolla su inteligencia y les brinda sensación de seguridad y confianza.

El respeto hacia los demás miembros de la familia es un valor muy importante, no sólo hacia una persona sino hacia sus opiniones y sentimientos. Es en la familia donde se debe aprender que tanto las personas como sus ideas merecen ser respetadas y valoradas. El respeto hacia las cosas de los demás, respeto a la privacidad, respeto a las decisiones, son valores que deben estar presentes en cada persona que convive en el hogar.

Los valores se trasmiten en la convivencia durante el día a día. Cualquier ocasión es perfecta para enfatizar la importancia de los valores dentro de nuestra familia. Un momento de conversación durante la cena en la cual cada uno de los miembros de la familia exprese las situaciones vividas durante el día ayudará a fomentar la comunicación familiar. Al terminar los alimentos y hacer partícipes a levantar la mesa y lavar los platos en forma conjunta les enseñará la importancia de la equidad y responsabilidad.

De tal forma que se deben promover en los niños valores como los que a continuación se describen:

1.- Autoestima, por medio de ésta el niño se siente querido y aceptado, siendo capaz de querer a los demás.

2.- Responsabilidad, la cual puede observarse en la capacidad de responder y enfrentar con inteligencia, esfuerzo, interés, creatividad y convencimiento de las situaciones que se le presentan en la vida.

3.- Tolerancia, con ella se podrá observar que el respeto es un actuar indispensable para la “buena” convivencia.

4.- Cooperación, con ella se procura el bien común por encima del individual y estima fuertemente el trabajo en equipo y la virtud de compartir.

5.- Honestidad, capacidad de decir y hacer la verdad.

6.- Respeto, hacia los demás ciudadanos.

7.- Justicia, dar a cada uno lo que le corresponde.

En definitiva, se trata de un compromiso compartido tanto de padres de familia como docentes.
Los padres de familia somos responsables de la formación moral de nuestros hijos; es por ello que una verdadera fomentación de valores es tener coherencia en nuestras acciones y comportamiento de acuerdo a los valores que enseñemos a nuestros hijos. Si dentro del hogar se vive en un ambiente de desorganización, impuntualidad e irresponsabilidad no podemos pretender que los menores tengan una actitud recta y virtuosa; si por lo contrario, existe un ambiente de cooperación, equidad, respeto y comunicación por parte de los adultos; los niños asimilarán estos valores como parte de su formación ética y moral.


John Moreno
Coordinador de Tecnología Educativa
de Amco, líder en investigación, desarrollo
e implementación de metodologías educativas

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